Todos los días pasa algo que nos deja pensando. Quizás vemos algo en la calle y queda dando vueltas en la mente toda la jornada. Quizás leemos algo en un diario y pensamos que no todo es blanco o negro. Quizás vemos algo en el televisor y no queremos quedarnos con eso que ya nos dan listo para consumir. Para sacar todo eso que queda merodeando en la mente nace Un mundo para mis ideas.
domingo, 20 de mayo de 2012
Después
Cuando llegan estos momentos, los que creemos y confiamos en la existencia de un después nos preguntamos como es ese después. Si las personas que comparten nuestro ahora nos reconocerán en ese después, si nos están esperando, si los abuelos que no conocimos ya nos conocen, si ya conocen la historia de nuestras vidas. Porque uno sabe mucho de la historia de ellos porque siempre están esas anécdotas que pasan de padres a hijos y entonces uno más o menos se puede ir haciendo una idea de la bisabuela que hacía trampa jugando a la lotería y que se deschavaba por la risa. O del otro bisabuelo (aunque ahora no me acuerdo si era bisabuelo o tatarabuelo) que perdió dos dedos de una mano y a pesar de eso tocaba el bandoneón como los dioses. A ellos uno tiene la sensación de conocerlos. Pero ellos ¿nos conocerán a nosotros?
Yo estoy seguro que sí. Quizás esta certeza tenga mucho que ver con la forma en que yo me imagino ese después, la forma en la que me gustaría que fuera.
Me imagino el después como una gran reunión familiar al estilo de las que se hacían en lo de mi abuelo las noches del 25 de diciembre. Una reunión realmente de festejo en la que después de haber pasado cada uno por su lado la Nochebuena, todos esperaban ese momento. Para compartir la comida que había quedado de cada fiesta, para contar si por su barrio hubo muchos fuegos artificiales o para que los más chicos estrenen todos juntos sus regalos.
No me lo puedo imaginar de otra manera, porque cualquier imagen que me venga a la cabeza es con toda la familia junta y feliz es en esas noches de 25 de diciembre. Puedo ver a mi abuelo como siempre preparando todo: Los alargues llenos de lamparitas de colores, el pasto recién cortado con el jardín impecable como le gustaba tenerlo a él y espirales para ahuyentar los mosquitos. Ése es el aroma que me imagino: una mezcla de espirales con pasto cortado, aunque le sumaría también una pizca del perfume del jazmín del país sólo porque me hace acordar a mi otra abuela; la que puedo ver en una silla, cagando a pedos a todo el mundo porque nadie le hace caso a lo que dice.
Ése es mi sueño para el después. Sólo una gran reunión en una noche de verano. Una reunión interminable, llena de historias. Si todo va bien y Dios cumple mis deseos, cuando llegue allá me van estar esperando dos personas charlando sobre historias enredadas en cables de teléfono acompañados por una cerveza helada. Yo los interrumpiré y le diré a mi abuelo "Yo también estoy orgulloso de vos".
martes, 21 de febrero de 2012
Chaca
La mayoría de las personas que leyeron el título probablemente imaginaron que leerían algo relacionando con el fútbol y con Chacarita. En parte tuvieron razón, pero ésto no sólo tiene que ver con el fútbol y el título podría ser el nombre de cualquier club de fútbol de la Argentina. Pero el título es "Chaca", porque hinchas de Chaca son los cuatro protagonistas de la historia. Una pequeña historia, un pequeño momento de una mañana de domingo.
Dije que los protagonistas eran cuatro y que el momento era una mañana de domingo. Pero siento que tengo que dar más detalles: Los cuatro protagonistas son tres hermanos varones y su padre y el domingo es el domingo 12 de Febrero de 2012. Pero la historia no tiene que ver con el partido en sí ni con el resultado del partido. Como dije antes el club es lo de menos, lo importante es el momento.
El club de sus amores juega uno de los partidos más importantes del año, pero no juega en su cancha. Por motivos que solamente conocen algunos burócratas que no conocen de los sentimientos de los hinchas, los protagonistas de la historia tienen que viajar casi cien kilómetros para ver a sus colores. Pero a ellos no les importa. No les importa y se levantan temprano a la mañana para poner el auto en condiciones. El padre no va a ir a la cancha, pero imagino que disfruta de ese domingo desde el momento en que su hijo mayor tocó timbre esa mañana. Disfruta compartiendo ese momento con sus hijos, disfruta compartiendo esa pasión que está más allá de lo que se pueda explicar. Los tres hermanos también disfrutan desde temprano: Imagino que ya palpitan el tiempo que van a compartir en el auto, recordando otros viajes en ese mismo auto para ver esa misma camiseta. No hay almuerzo ese mediodía, tan sólo algunas bebidas frías mientras arreglan las luces del auto para que el atardecer no los tome desprevenidos.
Eso es lo que vi yo ese domingo a la mañana. Mientras me alejaba mi imaginación seguía ahí y viajaba algunas horas más adelante. Imaginaba a los tres en la tribuna con sus camisetas, abrazados, cantando juntos y alentando al equipo. Imaginaba la salida del estadio, con la cabeza baja pero acompañándose en la derrota. Imaginaba el regreso por la autopista, con el sol de frente del atardecer, con el ánimo por el piso por la derrota, pero los tres juntos. Quizás para ellos en ese momento lo más importante sea el resultado del partido. Para cualquier futbolero de ley lo sería.
Pero yo creo que hay algo más detrás de ir a ver un partido de fútbol. Algo que está por detrás de la pasión por esos 3 colores. Está el compartir entre padre e hijos esos momentos inolvidables. Creo que si dentro de algunos años ellos se ponen a pensar en ese domingo 12 de Febrero probablemente recuerden el resultado y detalles del partido, como todo hincha que se precie, pero la memoria en seguida se volvería a lo realmente importante. A lo que construye nuestra vida y nos acompaña en cada momento. La memoria volvería como por arte de magia al padre debajo del auto ajustando las luces, al viaje con el sol del mediodía, al regreso al atardecer con el viento entrando por la ventanillas esperando el reencuentro con el padre para hacer los últimos comentarios del partido. A esos momentos que nos hacen sentir vivos y nos dan esa sensación de plenitud espiritual. Esos momentos que todos deberíamos tener siempre a mano para poder volver a ellos y reconciliarnos con el mundo.
Están aquellos que en el fútbol ven nada más que un negocio que se monta sobre la pasión de los hinchas. Están aquellos que en el fútbol ven nada más que 22 estúpidos corriendo detrás de una pelota. Yo estoy entre los que disfruto de éstos pequeños momentos: Estoy seguro que el padre y los 3 hijos disfrutaron de ese domingo 12 de Febrero en el que el fútbol fue tan solo una excusa.
Dije que los protagonistas eran cuatro y que el momento era una mañana de domingo. Pero siento que tengo que dar más detalles: Los cuatro protagonistas son tres hermanos varones y su padre y el domingo es el domingo 12 de Febrero de 2012. Pero la historia no tiene que ver con el partido en sí ni con el resultado del partido. Como dije antes el club es lo de menos, lo importante es el momento.
El club de sus amores juega uno de los partidos más importantes del año, pero no juega en su cancha. Por motivos que solamente conocen algunos burócratas que no conocen de los sentimientos de los hinchas, los protagonistas de la historia tienen que viajar casi cien kilómetros para ver a sus colores. Pero a ellos no les importa. No les importa y se levantan temprano a la mañana para poner el auto en condiciones. El padre no va a ir a la cancha, pero imagino que disfruta de ese domingo desde el momento en que su hijo mayor tocó timbre esa mañana. Disfruta compartiendo ese momento con sus hijos, disfruta compartiendo esa pasión que está más allá de lo que se pueda explicar. Los tres hermanos también disfrutan desde temprano: Imagino que ya palpitan el tiempo que van a compartir en el auto, recordando otros viajes en ese mismo auto para ver esa misma camiseta. No hay almuerzo ese mediodía, tan sólo algunas bebidas frías mientras arreglan las luces del auto para que el atardecer no los tome desprevenidos.
Eso es lo que vi yo ese domingo a la mañana. Mientras me alejaba mi imaginación seguía ahí y viajaba algunas horas más adelante. Imaginaba a los tres en la tribuna con sus camisetas, abrazados, cantando juntos y alentando al equipo. Imaginaba la salida del estadio, con la cabeza baja pero acompañándose en la derrota. Imaginaba el regreso por la autopista, con el sol de frente del atardecer, con el ánimo por el piso por la derrota, pero los tres juntos. Quizás para ellos en ese momento lo más importante sea el resultado del partido. Para cualquier futbolero de ley lo sería.
Pero yo creo que hay algo más detrás de ir a ver un partido de fútbol. Algo que está por detrás de la pasión por esos 3 colores. Está el compartir entre padre e hijos esos momentos inolvidables. Creo que si dentro de algunos años ellos se ponen a pensar en ese domingo 12 de Febrero probablemente recuerden el resultado y detalles del partido, como todo hincha que se precie, pero la memoria en seguida se volvería a lo realmente importante. A lo que construye nuestra vida y nos acompaña en cada momento. La memoria volvería como por arte de magia al padre debajo del auto ajustando las luces, al viaje con el sol del mediodía, al regreso al atardecer con el viento entrando por la ventanillas esperando el reencuentro con el padre para hacer los últimos comentarios del partido. A esos momentos que nos hacen sentir vivos y nos dan esa sensación de plenitud espiritual. Esos momentos que todos deberíamos tener siempre a mano para poder volver a ellos y reconciliarnos con el mundo.
Están aquellos que en el fútbol ven nada más que un negocio que se monta sobre la pasión de los hinchas. Están aquellos que en el fútbol ven nada más que 22 estúpidos corriendo detrás de una pelota. Yo estoy entre los que disfruto de éstos pequeños momentos: Estoy seguro que el padre y los 3 hijos disfrutaron de ese domingo 12 de Febrero en el que el fútbol fue tan solo una excusa.
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